Micropolítica, las campañas que vendrán

04/02/2016

buscancandidatos

 

En esta entrada les dejo un excelente artículo escrito por el consultor español Antoni Gutierrez-Rubi sobre las nuevas realidades que deberá enfrentar partidos y candidatos en el futuro cercano, espero que lo disfruten.

Fuente:

El poder ya no es como era antes. El venezolano Moisés Naín,  en su best seller El fin del Poder -libro que recomendó Mark Zuckerberg en su club de lectura online-, sostiene que está cambiando de manos y de forma; se ha vuelto más fácil de obtener, más difícil de usar y mucho, mucho, más fácil de perder. Esto no supone que las estructuras tradicionales, las grandes hegemonías políticas, empresariales e ideológicas hayan perdido todo su poder, pero sí que tienen que adaptarse y acostumbrarse a convivir con un contrapoder formado por millones de ciudadanos conectados y convertidos en agentes clave para el cambio. “El poder, como la energía, no se crea ni se destruye… pero irremediablemente se disemina entre una multitud de agentes, de micropoderes”, dice Naím.

Los ciudadanos, en la era de la Sociedad Red, están relacionados e informados como nunca antes. Son más críticos, exigentes,desconfiados y reactivos. Ya no se limitan a observar la realidad de forma pasiva, sino que también han desarrollado su capacidad de acción. Ciudadanos empoderados que, a la hora de votar, se convierten en electores complejos, imprevisibles, hostiles y refractarios.

El voto ya no es un premio… es un castigo. Algunas tendencias de comportamiento electoral se repiten alrededor del mundo: disminuye la fidelidad de voto, aumentan la volatilidad, la fragmentación y la indecisión o el retraso en la decisión.

La desafección y el descrédito de la política crecen en todo el mundo. Todo aquello que lleva la palabra política o político genera rechazo.  Slavoj Zizek observa que “asistimos a una nueva forma de negación de lo político: la posmoderna pospolítica, no ya solo reprime lo político, intentando contenerlo y pacificar la reemergencia de lo reprimido, sino que, con mayor eficacia, lo excluye”. No solo estamos, entonces, ante el fin del poder, sino también ante el fin de la política tal como la conocíamos.
Este nuevo ciudadano-elector está, además, sometido a un promedio de 3.000 impactos publicitarios diarios; un fenómeno que algunos expertos han llamado infoxicación. La publicidad ha perdido peso y terreno, ya no cambia percepciones, ni actitudes o conductas. Tiene tasas de retorno cada vez más ineficientes y la televisión ha perdido su peso hegemónico. Ante una sociedad de audiencias múltiples y diversas, de espectadores multipantalla y multiformato, se necesita menos publicidad y más comunicación.

Con este panorama, la política y las campañas actuales pronto cederán a una nueva manera de ver, de pensar, de hacer y de comunicar: la micropolítica, la política de lo que aparentemente es pequeño, local y personal.

Si la sociedad, como vimos, ha cambiado y está cambiando, la política también tiene que hacerlo. Las siguientes diez estrategias -antepuestas por el prefijo micro- nos ayudarán a pensar en esta nueva praxis electoral:

1. Microideas. El profesor David Perkin apunta que “es posible aprender a pensar mejor con estrategias sencillas que mejoran las capacidades que ya tenemos”. Así, ante la complejidad del mundo, se imponen soluciones prácticas, concretas, simples. Los grandes programas dan paso a propuestas centradas en la vida cotidiana y en los intereses pequeños. Son múltiples mensajes segmentados que se entrecruzan y conviven armoniosamente. Prevalecen las emociones… pensamos lo que sentimos y votamos lo que sentimos.

2. Microrrastros. El uso constante de la tecnología va dejando a nuestro paso huellas digitales. A partir de nuestro comportamiento en redes, se podría determinar con quiénes nos relacionamos, qué pensamos, qué decimos, qué nos gusta… quiénes somos. Los rastros semánticos en los buscadores (especialmente en Google), más la conversación en redes sociales, configuran una minería de datos que no puede desperdiciarse.

3. Microsegmentación. La micropolítica plantea la necesidad de ir más allá de la demoscopia tradicional. Las encuestas y los focus groups no son suficientes, dan fotografías incompletas de lo que piensa y siente la ciudadanía. Saber poco de muchos no sirve. Mejor será saber mucho de pocos; afinar la puntería al máximo para hacerles llegar a los votantes el  mensaje oportuno; hablarles de lo que verdaderamente les importa y moviliza.

4. Microcomunicación. Cada vez se observa con mayor claridad cómo el marketing comienza a guiarse por la lógica de los micromomentos, que son las oportunidades específicas que las marcas buscan identificar para hacer llegar el mensaje adecuado, por el medio adecuado y hacia las personas adecuadas. Junto a esta búsqueda de los mejores momentos, hay una renovación total del lenguaje, mucho más simple y visual. De los grandes enunciados a los hashtags; del texto a la imagen y al video. Es la fuerza creativa del ARTivismo.

5. Microeventos. Se acabó el monopolio de los multitudinarios mítines de campaña. Se imponen, en su lugar, los actos reducidos, con pocos asistentes y de bajo coste. Se trata de encuentros más descentralizados, con escenografías sencillas que sugieren intimidad; ‘actos de bolsillo’ que son bastante más memorables que las concentraciones masivas.

6. Microacciones. Los modelos y los actores tradicionales anclados en viejas fórmulas para la acción política no parecen encajar en la demanda de una ciudadanía organizada en red. Se ‘comunica’ lo que se hace. No hay lugar para el oscurantismo ni para tomar decisiones sobre qué, cuándo y cómo se comunica. La política está vigilada y será mejor que se comunique lo que se hace y que se haga lo que se comunica. Internet, por otra parte, favorece la organización desde la base ciudadana, a menudo desde su vertiente más crítica… Es la movilización de las redes, el ACTivismo.

7. Microrreacciones. La velocidad aumenta y las reacciones, por lo tanto, deben volverse inmediatas. Nikesh Arora, quien fuera representante de Google, decía: “La competencia ya no será entre grandes y pequeños, sino entre rápidos y lentos”. Los equipos de campaña y activistas se vuelven comandos de guerrilla comunicacional, de intervención y respuesta rápida. El timing electoral ya no es planificado de una vez y para toda la campaña, sino que se convierte en un cúmulo de reacciones, propias y ajenas, superpuestas, simultáneas.

8. Microrredes. El comportamiento de redes es viral, no secuencial. La ciudadanía se organiza en redes y comunidades en torno a intereses comunes. La estructura vertical y centralizada ha mutado hacia una distribuida que favorece los movimientos bottom-up. Hay una Red, pero infinitas pequeñas comunidades radiales. El interés por el análisis de su evolución y conversación es constante, igual que la necesidad de identificar patrones de comportamiento.

9. Microinfluencias. Los mensajes que se elaboran y difunden desde las organizaciones cada vez son menos eficaces, pero cuando estos mismos mensajes son contados por otros, las posibilidades de impactar a las personas aumentan. Hoy en día prevalece la credibilidad de aquellos que son como nosotros, el poder del boca a boca se ha vuelto decisivo. Te convence alguien cercano, próximo, que tiene (o crees que tiene) el aval de una trayectoria y un comportamiento ejemplares. Por ello, se vuelve esencial identificar a los influencers, a los grandes y pequeños, a los offline y a los online.

10. Microcandidato. Los candidatos ya no son ‘propiedad’ exclusiva de los partidos. Con frecuencia irrumpen outsiders y renovadores que trastocan las estructuras de poder clientelar, territorial, históricas. Y cuando no es así, el fenómeno de la personalización hace que el contrato (el compromiso) sea directamente con los electores, sin intermediarios, pero también sin amparo. De ‘el candidato’ a ‘mi candidato’. Relaciones más directas, mayor accountability.

Estas diez estrategias micro conforman un nuevo paradigma, caracterizado por sentimientos, emociones, relaciones, comunidades y valores. Si se pretende llegar lejos, mejor será dando pasos cortos y seguros; es la metáfora del martillo pequeño: agilidad, precisión, persistencia, constancia y focalización. De la masificación a la personalización; de lo macro a lo micro.


Campaña sucia – Campaña negativa o reveladora – Campaña del miedo

04/11/2015

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      En los últimos días hemos visto como los medios titulan que existe una campaña sucia y entremezclan los títulos con campaña del miedo, lo cuál es bastante diferente conceptualmente y me pareció oportuno escribir sobre el tema para poner claros sobre oscuros y evaluar su nivel de efectividad y consecuencias.

Conceptualmente es diferente Campaña sucia a una campaña negativa o una campaña apelando al miedo.

Una Campaña sucia generalmente se hace desde el anonimato, es su principal componente, detractando al oponente de turno y muchas veces difamando sin argumentos legales sustentables, una práctica que está ampliamente cuestionada desde lo ético, tiene como objetivo instalarse en el humor social y muchas veces logran su cometido en ciertos sectores del electorado.

Campaña negativa o reveladora es una campaña donde en vez de ocuparse de remarcar las virtudes de un candidato apunta a resaltar los defectos del adversario, la diferencia con la campaña sucia es que los autores son visibles y se hacen cargo de sus dichos; basan sus campañas en esta modalidad. Los cuestionamientos éticos con esta modalidad son mucho menores al de la campaña sucia aunque está muy mal visto llevar adelante este tipo de prácticas.

La utilización de una campaña negativa, además, tiene consecuencias indeseables para una democracia, dado que las propuestas e ideas quedan relegada a un segundo plano centrandose solamente en hablar mal del “otro”.

Campaña del miedo, es una estrategia que apunta netamente a lo “Emocional” , es una forma de hacer publicidad muy utilizada en el sector privado y que en algunos casos está regulado en algunos países. Las apelaciones al miedo son uno de los motivadores más utilizados en  los últimos años. De hecho, han crecido en popularidad porque los publicistas han visto que funciona bien para aumentar el interés y la persuasión. Existen diferentes formas y obejtivos de apelar al miedo y ahi radica su buena o mala implementación. Por ejemplo una buena utilización de una campaña del miedo son las campañas de seguridad vial que han resultado muy efectivas a la hora de bajar la tasa de accidentes de tránsito en contraste con una mala utilización de campaña del miedo como ser la de algunas empresas de lácteos que si no consumis tal o cual producto, tu niño no crece, la mujer será estreñida de por vida o tus huesos se quebrarán como cristales ante la falta de calcio; una práctica publicitaria que está penada legalmente en caso de comprobarse mensajes nocivos.

Atento a estas definiciones diría que estamos ante una campaña negativa con apelativos al temor por parte de ambos candidatos; tanto por el lado del PRO  como por parte del Frente para la Victoria, dado que ambos  basan su campaña hablando del otro. Existe una diferencia, el PRO en el “Como” es mucho más sútil en sus formas, mientras que el Frente para la Victoria lo hace de una forma muy frontal y viceral casi llegando al límite de agresión con un claro enfoque apelando al Temor.

La clave está en el “COMO” ahí se verá los resultados en como una u otra estrategia logre persuadir mejor al electorado.

 


Mi opinión sobre las PASO 2015 en Santa Fe

20/04/2015

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En este post le dejo un audio de mi opinión sobre las PASO que se celebraron ayer 19 de abril de 2015 en Santa Fe, espero que en algo les sea de utilidad.

http://www.lu32.com.ar/audio1.php?mp3=http://www.radiosnet.com.ar/04-2015/cabeb060cce7d017bb77bccfccbc1347.mp3&ID_nota=36242


La política y la Generación Millennials

22/04/2014

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Desde las primeras generaciones identificadas post segunda guerra mundial en algunos países anglosajones (llamados generación Baby Boomer) se ha tratado de caracterizar a las diferentes generaciones lo cuál permite tener algunos parámetros en cuanto a gusto, costumbres, preferencias, ideas,…

Estos estudios son herramientas muy útiles para la comprensión del electorado.

La generación Millennials (también conocido como generación Y o Z según que rango de edad se tome) describen características comunes de quienes representarán en el 2015 al 50% – 60% del electorado.

Les dejo este excelente artículo para que lo disfruten.

Fuente: Blog Antoni Gutiérrez-Rubí — Publicado en: El País (19.04.2014)(blog ‘Micropolítica’)

Nacidos entre 1981 y 1995, son los hijos del Baby Boom. Según diversos informes globales, en 2025 supondrán el 75 % de la fuerza laboral del mundo. Les llaman así debido a que se hicieron adultos con el cambio del milenio (en plena prosperidad económica, antes de la crisis). Algunos la llaman Generación Y, otros los Echo Boomers, aunque desde yá hace tiempo  son etiquetados como los Millennials.

Algunas de las descripciones les retratan como personas malcriadas y mimadas, capaces de alargar la adolescencia hasta el ensimismamiento hedonista. Del “you” al “me”,  Impacientes y egocéntricas. Han tenido 110 % más poder de compra que sus padres pero ahora empiezan a sentir en sus vidas la dureza del desempleo, a pesar de su gran preparación académica. No les gustan los modelos tradicionales, tienen una alergia espasmódica a las jerarquías impuestas, y viven con una mentalidad abierta a “vivir la vida” más allá de ganar dinero, simplemente. Si tuvieran que elegir entres sus posesiones materiales y las digitales, no lo dudarían: escogerían las segundas. Las marcas no saben qué hacer. No compran coches, no se hipotecan… Porque no pueden y, en parte, porque no quieren.  Su principal “consumo” es el de los contenidos.

Personas preocupadas por su imagen, su reputación y su proyección. No tienen miedo a los retos. Y la característica central: dominadoras de la tecnología como una prolongación de su propio cuerpo.  Sus relaciones básicas han stado intermediadas por una pantalla desde el principio. La ruptura del tiempo y del espacio como elementos inevitables para cualquier tipo de relación o experiencia es el pasado. La ubicuidad es la naturaleza del presente, sin coordenadas. Siempre con sus smartphones encima. Pueden llegar a tener tres o cuatro dispositivos móviles. Multiformato, multipantalla y multicultural, de serie. Sin concesiones. On y off integrados. No ven la diferencia. No la entienden. Tienen otro diccionario: el Urban Dictionary les representa mejor.

Esta generación va a establecer una relación muy diferente, también, con la política formal, mucho más contractual, promiscua, exigente y volátil. Pero decisiva en los próximos procesos electorales. Hay que releer a Henry Jenkins si se quiere comprender. Estos podrían ser algunos de los cambios que apuntan:

1. Primero móvil. La concepción de la relación con las organizaciones políticas y su participación debe ser digital y móvil. La tecnología ya no es una elección para la «nueva política», sino una obligación para interactuar con los ciudadanos. Se comunican, se organizan y actúan en red a través de sus dispositivos móviles. Son activistas, no militantes.

2. Derecho a decidir. Quieren relacionarse, influir, decidir (e incluso enseñar) sobre los gobernantes. No se conformarán con ser meros receptores pasivos de decisiones, querrán participar de ellas. Se sienten preparados para afrontar retos: regeneración democrática. Ellos pueden y deben ser parte de los «nuevos actores», de la «nueva política». No aceptan ni privilegios, ni tutelas, ni dirigismos. ¿Quieren Cambiar el mundo? Podrían, pero no lo han decidido, todavía. Aunque no les gusta el que tienen.

3. Mejor sin partidos. No creen en los partidos (en su actual configuración), que consideran parte del problema y no de la solución. Los partidos deberán articular nuevas fórmulas para promover el empoderamiento con esta generación. Relaciones más libres y más esporádicas, como parte de una nueva dinámica más humilde y más co-participada. Prefieren las causas a las causas políticas. Es el triunfo de la petición online antes que de la revolución. Los memes sustituyen a los discursos. La videopolítica a los programas.

4. Sin deudas históricas. Ni con la Transición, ni con las instituciones. Ni casi con la historia. No quieren esperar, son impacientes a un cambio de modelo y de valores. Su constancia está en entredicho. La rapidez de sus vidas les predispone a lo viscoso, resbaladizo y líquido. Pero su creatividad apunta y denuncia.

5. Conocimiento compartido. Su mundo empieza por  “co”. Son un valor para una nueva concepción de la política: participación y deliberación a través de las TIC.. Sin compartir no vale. Otra concepción de la autoridad. Su mundo es trans: transmedia, transcultural, transversal. Creen en la economía colaborativa. Compartir es lo natural. Competir no es sano, creen. Viajan de otra manera.

6. Exigentes y vigilantes. Serán muy exigentes e intransigentes con los valores de la «nueva política»: transparencia y rendimiento de cuentas sin negociación. Consideran la ejemplaridad personal y colectiva como la auténtica identidad: eres lo que haces, no lo que dices. De vuelta a Aristóteles.


Breve historia del peronismo – Manuel Mora y Araujo

21/02/2014

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Después de mucho tiempo de no compartir información acá les dejo un interesante artículo del sociólogo Manuel Mora y Araujo que nos permite tener un elemento más para comprender la realidad electoral de la Argentina. Para destacar del escrito,  el último párrafo donde destaca la “ventaja competitiva” del peronismo con respecto a la territorialidad, condición necesaria (pero no suficiente) para ganar elecciones.

Autor: Manuel Mora y Araujo

Fuente: Perfil.com

Originalmente el peronismo consistió en una coalición electoral que incluyó a obreros urbanos y a votantes de las clases bajas y medias de las provincias. A ellos se sumó el componente de los “pobres urbanos” —que entonces eran mucho menos numerosos que hoy—. Para captar el voto obrero Perón fundó el partido Laborista y expandió enormemente el número y la fuerza de los sindicatos. Para los electorados provinciales recurrió a dirigentes conservadores. A los pobres urbanos los cultivó Evita.

El componente conservador en la tradición peronista fue siempre importante. No es una curiosidad menor que en la primera elección nacional en la que el peronismo no fue proscripto, en 1973, Perón designó la fórmula Cámpora-Solano Lima. No eligió ni a dirigentes laboristas ni a dirigentes de la tradición de la izquierda peronista (demás está decir que unos y otros le estaban causando muchos dolores de cabeza).

Suele considerarse a menudo que ha sido esencial en la naturaleza del peronismo una inclinación ‘autoritaria’ en el gobierno de la sociedad. Sin desconocer ese aspecto, es preciso advertir que el autoritarismo ha sido un rasgo de la cultura política argentina en todos los tiempos.

Si el peronismo se mantuvo hasta hoy como una fuerza política a la que es difícil derrotar, ha sido sobre todo por su flexibilidad ideológica y por sus “ventajas competitivas” en el manejo de estructuras política territoriales —las cuales, en mayor o menor medida, existen en todas partes pero son excluyentemente las estructuras desde donde se hace política en los ambientes de la pobreza—. Allí entran en juego los dirigentes locales —punteros, caudillos, estudiados por sociólogos, historiadores y gente de acción— que eran ya relevantes en los tiempos de los conservadores.

El peronismo siguió sosteniéndose siempre en esas tres bases electorales, si bien el número de los obreros fue declinando con los años por efecto del progreso técnico y el número de los pobres urbanos es cada vez más numeroso. La heterogeneidad de esa coalición le otorga fuerza al conjunto, y a la vez es fuente de tensiones continuas. El peronismo fue, y sigue siendo, políticamente contestatario en las grandes ciudades y es parte del establishment en muchas provincias.

La estructura fue adquiriendo una impronta confederal y muy descentralizada. La mantiene unida el propósito compartido de ser una “sociedad política” mucho más que la consistencia de un conjunto de ideas. Lo característico de esa sociedad confederal es que cada dirigente local es dueño de un pequeño capital político y secundariamente es accionista de la sociedad general; cada uno controla los votos en una reducida porción de territorio. Esos dirigentes locales preservan, ante todo, su capital, guiados por una fría lógica política. Pero raramente abandonan la sociedad que le da sentido a su identidad.

En la formación del peronismo fueron decisivos los cambios demográficos de la época —migraciones internas, crecimiento de la clase obrera—. Después, en los años ’60 se produjo otro impacto por la movilidad social propia de la Argentina de aquellos años y por el aumento del número de jóvenes con educación alta y media que se incorporaban a la vida activa; muchos de ellos se hicieron peronistas, y muchos “revolucionarios”. Ahora, en los primeros años del siglo XXI, emerge en las clases bajas una juventud en busca de movilidad social; todavía no sabemos cuál será su impacto político. Diez años de crecimiento económico han generado alguna movilidad en la Argentina de los bajos ingresos; eso no se debe a las políticas sociales, que apuntan a mitigar los efectos de la pobreza antes que a erradicarla, sino a las altas tasas de crecimiento de la economía a partir de 2002. Estas crean oportunidades laborales para jóvenes que terminan la educación secundaria, un proceso dinámico que puede abrir camino a fenómenos nuevos, como sucedió en Perú o en Brasil.

Una de las fortalezas del peronismo radica en la flexibilidad que le permite disponer siempre de ofertas políticas alternativas cuando la que está en vigencia se muestra agotada, como es el caso ahora. Por eso hemos asistido, durante décadas, al fenómeno de la capacidad del peronismo de superar los ciclos de desgaste de sus gobiernos —mientras los radicales, por caso, absorben sus propios desgastes en bloque—.

La sustentabilidad del peronismo proviene de sus ventajas competitivas en el mercado político mucho más que de los resultados de sus gestiones de gobierno. Su versatilidad, su sentido “confederal”, su organización apropiada para la comunicación política territorial, son atributos difíciles de superar por fuerzas políticas que carecen de ellos. Las ventajas de unos suelen ser las desventajas de otros; no es culpa del peronismo si otras fuerzas políticas —con escasas excepciones distritales— no han sabido ser igualmente competitivas en esos territorios.


Tras Operación CFK mejora sensiblemente su Imagen

21/10/2013

Cristina Fernandez

Les dejo un artículo sobre la actual imagen de la Presidenta y algunos números de intención de voto a días de las elecciones 2013 , elecciones que a juzgar por los pronósticos marcarán una situación de coyuntura en la política Argentina que obligará a los diferentes actores político rediscutir los rumbos y espacios de cara a las presidenciales 2015.

“La imagen de la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, mejoró  sensiblemente tras ser operada el 8 de octubre de un hematoma en la  cabeza y también creció la intención de voto de su principal candidato  para las legislativas del 27 de octubre, según un sondeo difundido este  viernes.”

BUENOS AIRES.- Un 43.9 por ciento de los argentinos tiene imagen positiva de la mandataria, de 60 años, y la negativa reúne 30.2%, con un diferencial favorable de 13.7%, mientras la anterior encuesta (4 de octubre) indicaba una diferencia negativa de 7.8%, señaló una encuesta de la consultora privada Managment & Fit.

Del mismo modo, ha aumentado el nivel de aprobación de la gestión de la presidenta que ahora es de 44.4%, el valor más alto desde mayo de 2012, contra 34% que tenía a principios de octubre, según la consulta, que se hizo a 800 personas entre el 11 y el 17 de octubre pasados.

La presidenta, que fue intervenida por un hematoma por un golpe en la cabeza que sufrió el 12 de agosto, tiene indicado reposo absoluto y no participa de la campaña electoral hacia las legislativas, que se celebrarán a mitad de su segundo mandato que concluye en 2015.

El estudio sostiene que cuatro de cada 10 argentinos considera que la intervención de la mandataria puede influir en el resultado electoral del 27 de octubre, cuando su gobierno arriesga la mayoría en el Congreso.

“El problema de salud de la presidenta generó empatía y solidaridad en la oponión pública, como era esperable, y eso se ve reflejado en una mejor ponderación de su gestión y una suba en los valores de su imagen”, señaló Mariel Fornoni, directora de Opinión Pública de F&T.

En tanto, el principal candidato de Kirchner hacia las legislativas, Martín Insaurralde, achicó a siete puntos la distancia con el peronista disidente Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires, un distrito clave que concentra casi el 40% del padrón de 30 millones de electores, según el sondeo.

Massa, de 41 años, Intendente de la turística localidad de Tigre (30 km al norte de Buenos Aires), sigue adelante con una intención de voto de 40.5% (hace dos semanas 43.2%), mientras que Insaurralde (43), jefe comunal de Lomas de Zamora (periferia sur) reúne ahora 33.3% (antes 31.5%), detalló el trabajo.

Ambos son los principales candidatos a diputado en la estratégica provincia de Buenos Aires, un distrito electoral decisivo.

Massa, líder del opositor Frente Renovador, obtuvo 35.05% frente al 29.65% de la lista de diputados de Fernández liderada por Insaurralde en ese distrito en las primarias de agosto que consagró a los candidatos para las parlamentarias del 27 de octubre.

Los sondeos vaticinan una derrota del gobierno en los grandes distritos, aunque el oficialismo mantendría su mayoría en el Congreso dado que renueva las bancas de las parlamentarias de 2009, cuando sufrió una severa derrota.

El gobierno recuperó el control del Parlamento en las presidenciales de 2011 en las que Fernández obtuvo el 54% de los votos, muy por delante del resto.


Pedro Picapiedra No gana elecciones – Por Daniel Eskibel –

03/09/2013

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   En este nuevo post, despúes de tanto tiempo sin hacerlo, les acerco una maravillosa metáfora escrita por Daniel Eskibel sobre el peligro o la no conveniencia de realizar campañas políticas tradicionales en estos nuevos escenarios que demandan alto grado de profesionalización para que la comunicación sea efectiva. Despues estará en cada uno identificar si tal o cuál candidato es “Pedro Picapiedra”, lo importante es reflexionar sobre como han cambiado las formas de hacer política en la era de la sociedad de la información.

   Pedro Picapiedra se desnuda y pierde las elecciones –  Por Daniel Eskibel

   Pedro Picapiedra, ya sabes, es el protagonista de una de las series animadas más exitosas de la historia de la televisión.

   Es un hombre alegre, emprendedor, entusiasta, impulsivo, bien inspirado, confiado en que todo lo puede. Es también simpático, tiene carisma y hasta una capacidad de comunicación capaz de convencer a su entorno (Vilma, Betty y Pablo) de las más audaces ideas.

    ¿Qué pasaría si decidiera ser candidato a Alcalde de su ciudad, Piedradura?

   Pues depende.

   ¿De qué depende?

   Pues de la época.

    Si Pedro Picapiedra fuera candidato a Alcalde en la mítica edad de piedra de la serie de televisión, pues muy posiblemente le iría muy bien en las elecciones. Y tal vez hasta sería el nuevo Alcalde (de existir el cargo…).

   Es muy probable que sus condiciones personales, sus cualidades, su historia, su entorno, bastaran para darle el triunfo.

    Pero si fuera candidato hoy, en este mundo del siglo 21, lo más probable es que pierda.

   ¿Por qué?

   Porque las campañas electorales se han profesionalizado mucho y ya no son lo que eran. No hago un juicio de valor al respecto, solo digo que es así, que el fenómeno existe.

   Y es un fenómeno que le permite a algunos partidos y candidatos contar con ventajas extra que algunos otros ni se sueñan.

   Mientras el ingenuo Pedro Picapiedra sigue pataleando en su troncomóvil con todas sus buenas intenciones y su energía…otros se preparan mejor y ganan.

   Mientras el ingenuo Pedro Picapiedra grita ‘Yabba Dabba Doo!!!!’ frente a micrófonos y cámaras…otros aprenden y ganan.

   Mientras el ingenuo Pedro Picapiedra confunde a Vilma, Pablo y Betty con toda la población de Piedradura…otros estudian para hacer las cosas de otro modo y ganan.

    Abre el diario. Mira la televisión. Navega internet. Vas a ver que Pedro Picapiedra (disfrazado) está por todas partes. No importa si es candidato a Presidente, a Alcalde, a Gobernador o a Legislador. No importa si es de izquierda o de derecha. No importa si su campaña tiene mucho o poco dinero. Pero allí está él.

   Confiado en su olfato. Impulsivo. Carismático para un sector de la sociedad. Entusiasta. Decidido a hacer cosas buenas. Creyendo que las campañas electorales siguen siendo como siempre.

   Parece vestido. Pero está desnudo.

   Desnudo porque ni él ni su equipo creen en los instrumentos científicos que hoy día existen al servicio de la comunicación política.

   Desnudo por no creer ni en asesores ni en encuestas ni en cursos ni en libros.

   Desnudo por desconocer cómo funcionan hoy los medios de comunicación.

   Desnudo por desconocer cómo trabajan hoy los mecanismos mentales del voto ciudadano.

   Desnudo por negarse a aprender y creer que sus adversarios no lo están haciendo a sus espaldas.

   Desnudo por carecer de una estrategia de marketing político.

   Pedro Picapiedra desnudo. En pleno siglo 21.

   Míralo. Escúchalo. Allí está.

   Ingenuo.

   Derecho a la derrota.